Wednesday, February 03, 2010

El asalto a la Moncloa

Dos años después, nadie sabe exactamente lo que ocurrió aquella tarde del 13 de Marzo, y no porque hubiera pocos testigos. La sangrienta rebelión que terminó con la cabeza del presidente del Gobierno clavada en una estaca, siendo paseada por la Gran Vía, pudo tener origen desde varios frentes.
Entre los portadores de las antorchas había gentes de toda clase social, de diversa procedencia, y no sólo los sectores que habían sido más damnificados por la crisis mal gestionada, o por el recorte de derechos a los internautas, o por las peregrinas y erráticas políticas emprendidas. Junto con el empresario, el agricultor y el parado, estaba el estudiante, el ama de casa y el pensionista. No sólo había admiradores de Franco (De hecho, sólo tres de aquellos cientos de miles lo eran) no sólo había votantes de derechas, no sólo había anarquistas aburridos dispuestos a una Revolución, también la izquierda sensata paseaba una horca. No podemos decir lo que sucedió exactamente, sólo especular...

- Auauauauagh - se estiró Zapatero en la cama - Sonsoles... ¡Sonsoles! ¡Quiero huevos con tomate para desayunar! ¡Sonsoles! Esta mujer...
Se incorporó torpemente de la cama y se dirigió al baño, dejando encima del bidet su pijama favorito (Con topitos dibujados) Jabonándose estaba cuando escuchó el sonido del teléfono. Rápidamente salió del baño con la esperanza de que fuese Obama. Sin embargo, cuando llegó era tarde y ya habían colgado. Entonces se apercibió de que en el móvil aparecían unas 14 llamadas perdidas. Consultó el registro de llamadas, no menos de siete, incluyendo la última, procedían del teléfono de la Vicepresidenta, Mari Tere.
Empezó a marcar el número mientras volvía al baño, como no había cogido el albornoz estaba enfriándose y su pene se encogía hasta parecer un clítoris hinchado:
- Dime, me estaba duchando.
- ¿Duchando? Pero ¿tú sabes lo que hay fuera?
- ¿Eh?
- Llevo toda la mañana llamándote, tienes que salir de ahí como las balas, intenta conseguir un helicóptero o lo que sea...
- Pero ¿qué dices?
- Tú asómate al balcón y verás.
Sin comprender muy bien lo que pasaba, Zapatero se vistió con unos vaqueros y un jersey sencillo lo más rápido que pudo. Lo último que quería era aparecer en cualquier revista en albornoz, la oposición se le podría echar encima.
Una vez vestido, abrió uno de los ventanales de la Moncloa y se asomó. Fue entonces cuando el miedo se apoderó de él:
Miles de personas se agolpaban frente a la Moncloa, y no es que no hubiera visto una manifestación antes, es que ésta tenía una particularidad aterradora: casi una cuarta parte de los que allí vociferaban llevaban algún tipo de arma en la mano.
Al verle, los hombres del campo levantaron guadañas oxidadas, las monjas crucifijos afilados, policías que debieran estar controlando la manifestación apuntaban a las ventanas con sus armas reglamentarias, incluso había un señor de aspecto distinguido empuñando un hacha.
El tumulto aumentó cuando distinguieron su silueta. El pobre Zapatero, líder indiscutible de la izquierda europea, se enfrentaba a una situación difícil, pero tras el primer instante de terror y seguro de sus recursos, volvió a la habitación y empezó a hacer llamadas:
Primero llamó a Obama, quien no le cogió el teléfono. Será el cambio de hora, pensó Zapatero, bienintencionado siempre.
Su segunda opción fue Rubalcaba, con objeto de que su Ministro de Interior le informara de cómo se había podido producir semejante revuelta en un país que estaba controlado por un infalible sistema de escuchas. Rubalcaba tardó en responder, al final cogió el teléfono:
- Oye, Alfredo, que tengo el palacio sitiado por gente con aparente mala intención.
- José Luis, de verdad que me gustaría atenderte, pero es que mi avión sale ya y como no me dé prisa no lo pillo...
- Pero...
Colgó.
Llamó a todo su equipo, uno por uno, recibiendo parecidas respuestas, salvo en el caso de Leire Pajín a quien, según se supo después, ya habían descuartizado en mitad de una conferencia que había dado en la Universidad de Córdoba, al decir por sexta vez en diez minutos "Compañeras y compañeros"
Desesperado, reunió presencia de ánimo suficiente como para llamar al jefe de la oposición:
- Rajoy, amigo, por favor, ayúdame, apelo a tu espíritu democrático. Unos salvajes quieren darme un golpe de estado.
La respuesta de Rajoy al principio no se oyó, el ruido ensordecedor de la muchedumbre lo impedía. Al final consiguió hacerse oír.
- Sí, sí, lo sé. Es tremendo. Yo tampoco doy crédito. Mira, estoy aquí abajo intentado convencerlos para que dejen las armas. Verás, algunos ya están saltando la valla. Quizá deberías bajar, eres un gran orador, seguro que los convences.
Fue la primera vez en su vida que Zapatero desconfió. Hizo bien, consiguió diez minutos más de vida.
Enfrentado ya a su destino, con desesperación empezó a ponerse en contacto con todas las empresas de transporte por helicóptero que figuraban en las Páginas Amarillas. Internet le podría haber dado resultado, pero debido a las diversas denuncias recibidas a través de la Ley de Economía Sostenible, ningún buscador estaba ya operativo en España.
Así que empezó a llamar, reestudiando las hojas con desesperación, marcando los números y equivocándose varias veces por el nerviosismo con el que lo hacía.
Sólo dos le cogieron el teléfono. Uno de los que le atendieron colgó al saber de quien se trataba, el segundo le informó de que le gustaría mucho poder atenderle pero que, debido a la crisis y a la falta de ayudas para su empresa, ésta se había visto obligada a recortar medios y personal y que, en aquel momento preciso, no podía mandar a nadie.
Como he comentado, nadie sabe exactamente lo que ocurrió. La vergüenza del asesinato colectivo impide a los historiadores poder hacer una investigación rigurosa que saque de dudas sobre aquellos tremendos sucesos.
La familia de Zapatero, por cierto, acabó viviendo en México. Tampoco se explica porqué no avisaron al presidente sobre la que se le venía encima. Cuando Zapatero despertó, ellas ya llevaban unas horas fuera de Madrid, disfrazadas.
Quizá algún día sepamos la verdad.

Monday, February 01, 2010

Un mal soneto, pero hay que seguir intentándolo.

Hecho estoy de pactos incumplidos
de cristal roto, metal oxidado
de odio silencioso, amor fingido.
El milagroso dardo envenenado

que cada pulso acerca a mi latido
avanza, desgarrando el atenuado
reflejo amarillento de olvido
tus labios sin fruto, el pecado.

Deja de coronarte con espinos
yo no juego, como tú, al escondite
harto de invertir en este pasado

cruzaste, sin mirar, en mi camino
por la misma razón pido me evites
amor contigo, amor desperdiciado.

Tuesday, January 26, 2010

Dedicatoria

Yo también sé lo que es tener el corazón vacío, vivir ciego entre los que andan sin propósito. Yo también me acusé por mis carencias, y me odié por no poder afrontar el fracaso. Yo también miré al espejo con tristeza, yo también pensé que aquel momento sería eterno, de eterna amargura.
Cuando te miro, bella desconocida, con los ojos cubiertos por la sombra, arrastrándote y esquivando consejos fáciles, recetas y manos rugosas que no se ofrecen para ayudar sino para robarte, recuerdo aquella época maldita.
Nada conseguí desde entonces, a pesar de mi actual sonrisa y de la ligereza de mis pies en el baile, recibo ahora heridas de tu batalla, que fue y es la mía. Estoy sólo como tú, pero desde hace más tiempo.
Nunca sepas que este arbitrario desvarío va dirigido hacia ti. Lo único que quiero es cerrar tus ojos, como yo cerré los míos, y atraparte en mi consuelo de necio, para no tener que volver a verte triste y opacar el reflejo de mi propia miseria. Te espera un tiempo de risa hueca y levedades... hasta que volver a sufrir sea imposible. Luego nos acabaremos saludando, como dos islas.

Thursday, January 14, 2010

Así asá

- No seas así.
- ¿Cómo?
- Pues así.
- ¿Y cómo quieres que sea?
- Pues, yo qué se, de otra manera.
- ¿Así tal vez?
- Mejor, desde luego.
- Entonces, ¿Me quedo así?
- Tú mismo.
- No, dímelo tú.
- Ay, no seas así.
- ¿Cómo?
- Pues eso.

Tuesday, January 12, 2010

Respira la tarde

Miro tus ojos
son pequeños
como tus labios
pequeños
como tus dedos
como tus pasos
tus breves
sonrisas
tus bolsillos
donde me guardas.
Respira la tarde.
Tus ojos
casi no existen
parecen pequeños
porque se alejan.

Monday, January 04, 2010

Intuición femenina (Con final vergonzante)

- Si ese mamón no sufre, haré que lo arrastre mi dolor, y por la presente y sin más pompa, cojo las pastillitas éstas que tienen una calaverita en el paquete y me las trago con un buche de güisqui "La Maceta", que si no me mata una cosa, lo hará la otra seguro.
- Pero eso de matarse, como que ya no está de moda - Respondió Mindy por el teléfono.
- ¿Y a mí qué me importan las modas? El cabeza búcaro ése se ha largado con la Panty, me han dejado por la flor más hortera de la floristería al por mayor de la vida. - Subrayó Pepi Más Más mientras se ponía el dorso de la mano en la frente y echaba la cabeza hacia atrás con afectación, como si su interlocutora pudiera verla.
- Ay, Pepi, no seas trágica, que Eurípides no va a resucitar para escribir sobre ti.
- Pues eso o me busco a otro rápido.
-¿Y si te haces espiritual y pasas de las embestidas del mundo supraideal, material, positivo, carnal y científicamente mensurable?
- ¡Ni hablar! Prefiero que me vea follando con otro sobre la barra de su bar preferido.
- No estoy de acuerdo contigo, pero me gusta la espectacularidad que le pones al tema. Te voy a buscar a un Don Juan de Sábado por la noche que te vas a quedar sin respiración.
- Pero que nunca haya sido del grupo, ni amigo de amigo, que no nos viene bien que se note la maniobra. Aunque no esté siendo muy madura en esto, lo último que quiero es que no lo parezca.
- Oqui doqui.

A la noche siguiente:

- Así que tú eres José Luis, el hijo del fontanero que salvó a la madre de mi amiga Mindy de una inundación de excrementos.
- Zí.
- Lacónico el muchacho. Yo soy, como habrás podido adivinar, la divina Pepi Más Más. Mis amigos informáticos me llaman Pepi ++, pero estoy lejos de ser programable, si me entiendes.
- ¿Eh?
- Me gusta tu torso, se ve que le has dedicado tiempo, esfuerzo y que detrás de esas proporciones ha habido planificación, eso demuestra que eres un hombre de los que se anticipan a las eventualidades, o por lo menos que quiere aminorar en todo lo que pueda la connatural decadencia de los cuerpos.
- Niña, no te entiendo ná.
- Bueno, dejemos de hablar de tus prominentes pectorales, cuéntame ¿Cuál es tu pintor surrealista preferido?
- Mi tío pinta.
- ¿Ah, sí? ¿Y qué pinta?
- Casas.
- Ajá. Si me disculpas, voy a hablar con mi amiga Mindy. No necesariamente sobre ti, no tienes razones para sentirte inseguro.
- ...
- Mindy, Mindy.
- Dime, princesa ¿Qué tal es tu chico?
- Ay, no sé, me parece que le falta un hervor.
- Hija, qué quieres, cada vez hay más mujeres en la Universidad en relación con los hombres. A este ritmo, nuestro plan para esclaviz...
- Ya, ya. Pero es que entre tanto músculo no encuentro nada que me guste en realidad. O sea, seguro que tiene una polla descomunal y que aguanta como un cerdo, más que nada porque me parece que su sistema nervioso está poco engrasado y, desde que se genere el impulso hasta que llegue al cerebro, pasará una eternidad. A pesar de lo cual... es que no hay nada que me una a él.
- ¿Y qué alternativas crees que tienes?
- ¿No hay hombres guapos y listos?
- No sé ¿Hay mujeres guapas y listas?
- Sí, claro, míranos.
- Porque el canon de belleza imperante nos favorece. Más nos valdría acostumbrarnos a ver guapos al tío torcido de las gafitas, al de los brazos delgados, al de la cara redonda, al que supura por el ojo, o al que huele a plastilina.
- ¿Y cómo vencer a un canon tan deplorable como extendido?
- La oportunidad está en todas partes, amiga. Lo único que tienes que hacer es ir al Cerdo Rosa, buscar la mesa más oscura, ignorar a los que tienen novia o la nariz aguileña y allí tendrás una oportunidad como una rosa.
- Anda ¿Y cómo sabes tú eso, con tanta coordenada?
- Intuición femenina, Pepi, intuición femenina.

Para volver hay que marcharse primero

Me quedan ahora unas semanas de agobio, de lecturas apresuradas, de mal dormir, mal comer, ausencia de los amigos, indiferencia a los caprichos, semanas basura alrededor de unos exámenes que no me acercan a nada, porque ya está todo conseguido. Me quedan unas semanas de neurosis intensa, de añorar y esperar y estar muy sensible al mínimo cambio en la temperatura del aire que me rodea.
Estoy planeando un viaje a Japón como quien retorna a Ítaca, para que mi carne pueda por fin acompañar a mi espíritu. Me dicen que es un país serio y eso me temo, yo quería una broma excesiva con mujeres vestidas de mucama y ejecutivos tirándose desde los edificios con cara de estreñidos. Yo quería una discoteca llena de oportunidades y vagar hasta encontrar un lugar difícil para quedarme allí, haciendo lo mismo que hago aquí pero más caro.
Y, vagando como un fantasma sobre todo esto, la sensación, inasible pero intensa, de que se aproximan cambios en mi vida y de que no tendrán que estar necesariamente asociados a la decadencia. Estoy a punto de caer o de alzarme, o de ambas cosas al tiempo. Llevo unos meses cortando lazos, como si mi mente se adelantara a la brumosa crisis que depara el futuro. No tengo miedo, ya no soy conservador o este juego me aburre.

Sunday, December 13, 2009

Ésta no es la entrada que quería escribir, pero se acerca

Mi gata es un pedazo de pura maldad tapizada con pelo. Tiene ojos de reptil insólito, caprichos de dama postrera, sucumbe a una caricia y araña la mano que le da de comer. Mi gata soy yo mismo en otra época, tal como me quise ver reflejado en miradas amenazantes. Mi gata nunca fui yo aunque lo intente.
Con la gata sobre la barriga, el teclado se apoya casi en las rodillas. Hoy no hice nada, ni ayer, ni ante anoche. Escribo para matar una sed que ya no tengo, como voces anteriores al apagón mortal de la madrugada, que llega a las seis casi siete en esta época del año. Si leen algo parecido en otras partes, antecederá a una súplica, un reproche o un grito de ira. No es el caso. Hoy, mirando el monitor a través de mis cristales, he decidido que nadie puede salvarme, y que no tengo a nadie a quien culpar, ni tan siquiera a mí mismo. Estoy sólo y por eso me desconecto, por el bien común de todos los hombres que no soy ni seré, pero quieren seguir viviendo en mis sueños.